Abogados especialistas en herencias para enfrentar momentos difíciles

La certeza que todos poseemos de la caducidad del ser humano de ningún modo evita la contingencia que surge con la pérdida de un ser querido. Cuando se trata de la propia muerte optamos por escribir un testamento para prevenir cualquier eventualidad, pero resulta que se requiere más que la voluntad escrita para suceder los bienes a nuestra descendencia, y de esto conocen bastante los abogados especialistas en herencias.

Aunque pareciera que es así, con la muerte de un ser querido no se paraliza nada en lo absoluto. Al contrario, surgen nuevas disyuntivas que atender, trámites por manejar y un nuevo escenario que espera por nosotros. Lo que sucede es que con los sentimientos a flor de piel, es más difícil tomar decisiones; y precisamente aquí radica la pertinencia de contar con la asesoría de un abogado con experiencia en esta área.

Si se ocupa el lugar del heredero es probable que nos sintamos abrumados por la serie de trámites que rodea la sucesión de bienes, más si no somos los únicos incluidos en el testamento. En estos casos, lo más sensato es ponerse en manos de profesionales como los abogados herencias Málaga que sabrán explicarnos en detalle el proceso legal que debemos emprender.

No falta quien piense que un testamento apenas debe ser leído por un abogado de confianza frente a los familiares involucrados. Y es que no se trata sólo de dar y recibir un bien, la herencia está supeditada a un procedimiento que debe establecerse de acuerdo a las estipulaciones de la ley.

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Asegurar el futuro económico de la descendencia

Supongamos que somos nosotros los que estamos cercanos a morir y tenemos la oportunidad de aliviar económicamente a nuestros familiares, permitiéndoles el uso y disposición de nuestros bienes muebles e inmuebles. Lo primero que debemos tomar en cuenta es que la famosa frase “repartiremos en partes iguales” puede estar condicionada por las dádivas que en vida hemos otorgado a nuestros hijos, nietos y familiares cercanos.

En términos de abogacía se habla de bienes colacionables y no colacionables, en otras palabras, los elementos que deben incluirse en la herencia y deberán ser repartidos, y los que no.

Entre los no colacionables podríamos mencionar los gastos comunes que tiene un padre con su hijo, como colegiaturas, manutención, gastos por enfermedad. Mientras que los colacionables son todo lo que se donó en vida.

Una aclaratoria oportuna es que muchos padres simulan compra-ventas de propiedades con sus hijos para evitar que deban compartirlas en la herencia, pero si se descubre que la transacción no se ajusta a la ley, el bien deberá incorporarse al caudal hereditario beneficiando así al total de los donatarios incluidos en el testamento.

Escenarios como el descrito anteriormente constituyen un terreno fangoso que debe enfrentarse de la mano de un experto en herencias, a fin de evitar que el dolor por la pérdida de un ser querido se vea impregnado por disputas legales.